Monday, January 16, 2006

OTOÑO ROJO


“Según la cultura China, (el rojo), es el color de los condenados a muerte. Eso lo hace un color específicamente humano, porque todos los seres humanos estamos condenados a morir. Pero el rojo es también, en la cultura española, el color de la pasión, de la sangre, del fuego.”
(Pedro Almodóvar)

Abrió los ojos, imitando el engranaje de un reloj Suizo; y con igual precisión la muerte finalizó su partida…
(…)Era la séptima vez que ocurría, y los ojos abiertos en rictus se encargaron de juzgarle. Tomó en sus brazos el cuerpo inerte, acarició sus cabellos, y conteniendo las lágrimas besó por única vez los labios, en descomposición urgente, robando así el último aire calido en el frío lenguaje del ciclo humano.
En su rostro se leía el fracaso, en sus alas, sin embargo, se encontraba el destino, en estado puro y descarnado.
Todos eran blancos; y las nubes corrían por el cielo al compás de las batientes alas de algodón impoluto y grácil. Él era rojo; y las nubes se ocultaban con rencor ante sus alas, dando al sol la oportunidad de acoger sus lamentos y entender su diferencia.
La sangre se encargó, nuevamente, de teñir su plumaje; acondicionándolo así para el motivo de su existencia. Quiso comprender, quiso blasfemar ante el dolor que lo alejaba de su alba estirpe.
“Has nacido diferente, y en ti radica el sentido imperfecto de mi creación más querida”. Era la voz del padre, quién con ternura consolaba, una vez más, sus fallidos intentos. La dulzura de aquellas palabras, sin embargo, sólo contribuyó a alejarlo más de toda redención con su especie.
¿Cómo podría continuar con su misión?, ¿cómo intentarlo nuevamente?, ¿cómo?; sí el movimiento de sus alas sólo significaba la muerte. Tenía alas rojas, llameantes y con vida propia; cubiertas de lágrimas y vidas robadas, alas que lo obligaban a ser subjetivo, imperfecto y apasionado. Se descubrió a sí mismo abrazado, con ternura, a aquel cuerpo… el llanto de sus ojos sentenció para siempre su destino.
El padre sonreía. La elección por fin había sido tomada. Y vino el viento, y trajo consigo al otoño, y el aire se volvió por momentos rojo. El abrazo se prolongó durante todo el proceso. Las lágrimas dejaron una vacante en el puesto de guardián. Los sentidos abandonaron la exactitud, y se volvieron más permisivos .Su esencia mutaba al compás del sabio ambiente otoñal; y el ángel vivenció en carne propia el proceso de otra especie, distinta a la humana.
La diferencia, lejos de incomodarlo, le pareció el justo regalo a una existencia marcada por los matices más duros del guardián. La perdida se volvió una cicatriz en su nuevo corazón; y como los árboles, en otoño, que regalan con emoción el fruto de su follaje, así mismo, una a una las plumas confirmaron un nuevo pacto, que tuvo como testigos al viento y a las nubes, que esta vez danzaban al ritmo de las viejas plumas rojas. Y así un nuevo guardián llegó a la tierra, en pos de un recién nacido, fruto de un otoño particularmente rojo…

El Hedor de las flores


Su carne de deshizo entre sus dedos, y el olor dio inicio a la captura. Sus pupilas cerradas le sonrieron cómplices, y sus púrpuras labios susurraron un “Te Quiero”, solo audible a sus tímpanos de sombras.
Era tarde para echar pie atrás; incluso si ese hubiera sido su mayor deseo. Solo quedaba el aroma a Gardenias envueltas en naftalina.
Le miró emocionado. El ropaje cubierto de ácaros solo aumentó el deseo de pertenencia... sin embargo sería gentil, y desabotonaría una a una las barreras ya casi harapientas.
Recordó su primera vez, el olor a geranio en ocaso, el pelo abundante, el cetrino tono de la piel y el crujir del lecho ante el primer contacto... la emoción era enorme, la furia reprimida se desató sin juicio ni piedad, la pasión encendió cada músculo de su cuerpo... aquella primera vez fue mutua. Hoy la experiencia le daba más argumentos; Había mayor pausa en sus actos, hoy respetaba la primera vez ajena.
Eliminó con certeza el pudor de la ropa, y ahora el cuerpo corría en libertad por sus ojos. Sus manos entonces comenzaron a acariciar, su boca a besar, y su cuerpo a comulgar... el momento le resultaba único y agradeció aquel aroma que le invitaba a llenar sus pulmones de Gardenias amargas.
La noche avanzaba en su transito, así como el deseo tornaba explicito e irremediable cada uno de sus gestos. Los huesos ya casi pulverizados se confundían con la ausencia de lógica, la sangre fluía en un sentido, y eso frustraba un poco su accionar.
Comprendió que, pese a toda experiencia, la escena repetiría aquel error en la perfección una y otra vez; la sangre fluiría por solo un cuerpo, y el polvo enterraría la verdadera unión.
La noche marcaba una vez mas los límites, el contexto perdía oscuridad, el deseo se apagaba en la desolación y el abandono. Se incorporó mudo; cómo era usual, cada vez la ausencia de voz demostraba con mayor vigor su presencia, las Gardenias y su hedor eran el fin y la continuidad del odio; los gusanos avanzaban por su ropa, los ojos continuaban cerrados y los labios-mudos de vida-le reprochaban su cruel instinto.
Era miserable y las pupilas accedieron a su dolor experimental con gotas ácidas y sin real sentido... mañana abriría otra tumba, y quizás esta vez las rosas acunarían su instinto con mas caricias lastimeras. Quizás seria mejor y posiblemente la sangre dejaría de fluir,” por fin en compañía”... MAÑANA SERIA OTRO DIA...

En EL Bazar


La araña y la mosca confundían sus roles y nublaban su vista con morbo y lujuria. La noche daba el contexto exacto, los mantras invocaban un toque lúdico y pagano, el incienso y el tumulto aumentaban la premisa del susurro... la telaraña homologaba alfombras jarrones, cimitarras y sonidos orientados.
Caminaban por el bazar, en busca de la certeza otorgada por la piel y sus urgencias. Se confundían con la miseria del momento y eludían el contacto ajeno. Eran seres destinados al encuentro de la muerte, y su sabiduría aumentaba el sudor de sus cuerpos.
El frio era solo un elemento de la ausencia de pudor; el toque de substancia necesario para no eludir la cita y doblegar con decisión al miedo circulante. La mercancía por fín llegaba a puerto... las ansias dilataban las pupilas; el baile del cortejo alejaba el amor de sus cuerpos.
Sus voces se quebraban en ecos en celo, sus manos anticipaban la unión con nudillos y nervios. El bazar los obligaba a diferenciar sus méritos, y a especializar su contacto... la piel, la saliva, el sudor, todo era venta segura, el precio-sin embargo-aún no se discutía.
Los timbales enfurecían, los velos caían uno a uno por las curvas de sus cuerpos; desnudos y redescubiertos al color del sexo desgarrado.La araña y la mosca se devoraban, deglutían y vomitaban; sin mayor control que sus instintos obligados.... y entonces... (...)La lluvia cayó. El perfume inundó su espacio, y por fín la sangre acudió al llamado. Era el momento de decidir; con la última chispa de fuego que escapó de sus labios. Ya el semen y las lágrimas se volvieron un cuajo nauseabundo; el sudor en sus manos los hizo llorar.
La sangre acudió a su llamado, el bazar repletó nuevamente sus vitrinas de ofertas, en espera de la araña y su pago. Los roles ahora eran claros, la muerte de la mosca era el precio del producto.
La lluvia cesó y la araña tejió nuevamente su red... la mosca se acunaba en el olvido; la araña encaminaba una vez más sus pasos, la oferta y la demanda vovían a marcar sus venas...
(...) Y así , la araña y la mosca confundían sus roles y nublaban su vista con morbo y lujuria...

LIA


Tocaba el piano con sus dedos enmohecidos. Solo el mar y la nada oían su concierto.Arregló por última vez su vestido, que alguna vez fue del encaje más fino en un París olvidado... sus bucles estaban cubiertos de piojos y arena; y en su rostro las llagas salinas guiaban, con dolor y sangre, el paso de las lágrimas.
Se llamaba Agnes Amelia Carlota Asunción, pero aquel nombre ya no existía, ahora era solo Lia, Lia a secas, Lia realmente seca. El sonido era forzado y ya casi inaudible. "Se necesita fuerza", pensó. Las teclas sangraban , eso la hacía sonreir y le brindaba nuevos bríos; " el secreto está en la fuerza, solo así la unión resulta perfecta", recordó entonces.
La memoria le fallaba por momentos, solo la extraña voluntad sostenia su cuerpo junto al piano y a la desolación. Recordaba a cuentagotas: Una boda, un pastel azahares y parabienes, sin embargo ahora solo importaba la música, solo eso la unía a la vida.
La noche cubrió una vez más su raquítica osamenta, pero la porfía de sus infectas uñas la obligaban a seguir interpretando. Los acordes eran cáda vez más difusos y definitivos. Lia lo sabía, el final estaba cerca; pero los finales no significaban nada para ella.
Seguiría describiendo su vida hasta la eternidad... una historia de finales, esa era la suya. Algunas teclas ya no percutían, más bien chapoteaban en una sangre espesa, añeja, y casi putrefacta. La boda nuevamente volvió a su cabeza. El frenesí quebró uno de sus dedos... "MAS FUERZA", pensó; mientras el viento nocturno ondeaba los harapos grises que cubrían su cuerpo.
El pastel, los invitados, los partes, el carruaje, el paje, las madrinas, ella y sus padres... la ausencia de Augusto, el odio, las burlas, el piano...
(...)El tiempo no era una limitante; nunca lo fue, y aquella noche que se alejaba por años de la boda, pero que mantenía intacto su final, le recordaron el motivo de aquella sonata.
Asumir que vagó por años, sin razón ni juicio, resultaba obvio y repetitivo
Presumir que solo la venganza guió sus manos, resultó concluyente...
(...) Y fue así, que la última tecla dejó de sonar. Las moscas y los gusanos revalsaron la madera, Augusto tenía razon... ELLA SIEMPRE FUE UNA BUENA CONCERTISTA...

Monday, January 02, 2006

esta es una imgen acabada de mi

un gesto de amor


Sus labios asumieron el control de la situación. El agua recorría de manera indecente cada uno de sus poros.La sangre fluía sin control por sus venas pero él sólo esperó una respuesta mas profunda que un simple beso bajo la lluvia...
(...)El gesto no era suficiente para enfatizar el poder que sus labios involucraba; un beso no bastaba, más bien estorbaba a la hora de exigir las verdaderas compensaciones del amor.
Deslizó su mano por la cabeza de su amante, tratando de hacer suyos los pensamientos de aquel que con poca precisión le recordaba patéticamente su condición. "Los Dioses lloran por tu incompetencia", pensó, y le miró con furia.
El cielo, tras varias horas encontró el consuelo, las grises nubes dieron paso a la luz, las calles vacias terminaban de secar el dolor de la incomprensión, el cuerpo sin vida y la sangre circundante resultaron ser al final el antídoto ante tanta depresión...el gesto preciso del verdadero amor..

EL ULTIMO CONCEPTO DEL HUMO


Flotante. entre mis manos desnudas...mirando como el infinito incrementa la pena de mi desgastado discurso, y el ruido de mis entrañas solo advierte la apatía forzada de mis instintos asimilados.
La caida es inevitable. La magia circundante y los petalos de flores cósmicas que danzan sobre mi cabeza. Un taxí con aroma oriental, el viejo bazar de desechos orgánicos, los robóts, los transistores , todo gira por mi cabeza a una velocidad infartante...FUMO UN CIGARRO EN BUSCA DE RESPUESTAS Y SOLO EL HUMO ENTIENDE EL PORQUE DE MI EXISTENCIA.....
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